Ruta circular a la Balma de Can Solà desde el Hotel Bruc
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Muy cerca del macizo de Montserrat, en el municipio de El Bruc, se esconde uno de esos lugares capaces de convertir una excursión aparentemente sencilla en una pequeña aventura. La Balma de Can Solà, también conocida como Bauma de Can Solà, es un gigantesco abrigo rocoso oculto en el interior de un barranco, rodeado por una vegetación sorprendentemente frondosa y modelado durante siglos por la acción del agua.
Nuestra propuesta es una ruta circular de 6,88 km y 121 metros de desnivel, con salida y llegada en las inmediaciones del Hotel Bruc. Desde aquí seguiremos inicialmente el Camí de Cal Mata, nos adentraremos progresivamente en los Boscos del Solà, alcanzaremos la Riera de Pierola y finalmente descubriremos la espectacular Balma de Can Solà. En su interior nos esperan la Font de Can Solà, curiosas formaciones de toba calcárea y los restos de antiguas construcciones que recuerdan el pasado humano y ganadero de este enorme refugio natural.
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🗺️ Mapa de la ruta |
🎬 Vídeo de la ruta |
Inicio de la ruta desde el Hotel Bruc
Comenzamos nuestra excursión en las inmediaciones del Hotel Bruc, donde encontramos una gran explanada en la que podemos dejar el vehículo. El hotel está situado junto a la autovía A-2, lo que facilita mucho el acceso en coche tanto si llegamos desde Barcelona como desde Lleida.
Para iniciar la ruta entramos en el aparcamiento del hotel y lo rodeamos por su parte posterior. Es aquí donde encontramos el Camí de Cal Mata, el camino que utilizaremos durante los primeros kilómetros de nuestra excursión.
El cambio de ambiente es prácticamente inmediato. Dejamos atrás el entorno de la autovía y comenzamos a caminar por un paisaje mucho más rural. El Camí de Cal Mata recibe su nombre de la finca y masía homónimas y avanza hacia el sur por una zona de pendientes suaves. El paisaje ofrece un bonito contraste entre la contundencia rocosa del macizo de Montserrat y las formas mucho más suaves del territorio de la Anoia.
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| Hotel Bruc |
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| Zona de aparcamiento delante del Hotel Bruc |
Del paisaje agrícola al bosque mediterráneo
A medida que avanzamos, los campos cultivados comienzan a alternarse con sectores cada vez más boscosos. En las zonas más abiertas domina el pino carrasco (Pinus halepensis), una especie muy resistente a la sequía y perfectamente adaptada a los terrenos calcáreos de esta zona. Bajo los árboles aparece el típico matorral mediterráneo, con especies como el romero, tomillo, espliego, jara y argelaga. Texto pegadoPero basta aproximarnos a las umbrías, pequeñas canales y torrentes para que el paisaje cambie. Aparecen encinas y robles, mientras que el sotobosque se vuelve mucho más denso con madroños, lentiscos, durillos, aladiernos y enredaderas. Algunos sectores llegan a adquirir un aspecto sorprendentemente cerrado y frondoso.
Mientras la pista principal de Cal Mata es abierta y soleada, los senderos que se aproximan a los barrancos discurren bajo las copas de encinas y pinos, proporcionando zonas de sombra.
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Los Boscos del Solà
Cuando llevamos aproximadamente 1,8 kilómetros, alcanzamos una intersección. Aquí debemos continuar hacia la derecha y comenzamos a dirigirnos hacia los Boscos del Solà. Estos bosques, históricamente vinculados a la antigua masía de Can Solà de la Roca y sus terrenos.El terreno alterna suaves crestas soleadas con pequeños barrancos y zonas de umbría u obagues. Esta variedad de orientaciones crea diferentes condiciones de humedad y temperatura y explica buena parte de la diversidad vegetal que encontramos durante el recorrido.
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La Riera de Pierola y el desvío hacia la Balma de Can Solà
Continuamos avanzando aproximadamente 1,2 kilómetros más. En una curva pronunciada hacia la izquierda, donde nuestro camino coincide con la Riera de Pierola, encontramos el sendero que conduce hacia la Balma de Can Solà. Tomamos este camino hacia la izquierda y comenzamos a subir progresivamente hasta enlazar con la vía de acceso a la balma.La p roximidad del agua provoca otro de los grandes cambios paisajísticos de la excursión.El ambiente se vuelve más fresco y la vegetación cambia notablemente. Este cambio nos anticipa que nos estamos aproximando a un lugar muy diferente. Y es que la presencia del agua no solamente determina la vegetación. También es la principal responsable de la formación de la gigantesca cavidad que estamos a punto de descubrir.
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Balma de Can Solà: un gigantesco refugio natural escondido en El Bruc
La llegada a la Balma de Can Solà constituye el gran momento de la ruta.El enclave se encuentra en un sector encajonado del torrente y la exuberante vegetación exterior, formada por árboles y lianas, oculta parcialmente la enorme abertura de la cavidad. La Balma de Can Solà alcanza aproximadamente 120 metros de longitud, 34 metros de profundidad y 15 metros de altura. Estas dimensiones convierten la visita en una experiencia sorprendente. Desde el exterior podemos intuir la magnitud de la cavidad, pero caminar bajo semejante techo natural permite apreciar realmente la escala del lugar.
Además, no estamos ante una simple cavidad geológica. En su interior encontramos agua, vegetación adaptada a la humedad y restos que demuestran que este gigantesco refugio fue aprovechado por las personas durante generaciones.
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| Balma de Can Solà |
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¿Cómo se formó la Balma de Can Solà?
El torrente, después de salvar el cingle mediante un salto, fue socavando progresivamente la base del estrato precisamente en la zona de contacto con esos materiales más blandos. Durante miles de años, la acción erosiva del agua y la meteorización fueron eliminando progresivamente los materiales inferiores mientras las capas superiores, más resistentes, permanecían en su posición.
El resultado de este proceso es la enorme cavidad horizontal y la gigantesca visera rocosa que contemplamos actualmente. El agua es, por tanto, una de las grandes protagonistas de Can Solà: ha modelado la roca, continúa transformando lentamente el lugar y mantiene las particulares condiciones ambientales de su interior.
Balma de Can Solà
Bajo la enorme visera encontramos otro de los elementos más interesantes de nuestra visita: la Font de Can Solà. No se trata de un gran manantial subterráneo con un caudal constante, sino de una fuente alimentada principalmente por la filtración del agua. Después de periodos lluviosos de primavera u otoño puede brotar con mayor intensidad y llenar la pequeña pica natural.
Las filtraciones han generado además curiosas formaciones de toba calcárea o travertino. El agua cargada de bicarbonato cálcico atraviesa las fisuras de la roca y, al entrar en contacto con el aire, los musgos y la vegetación, el calcio va precipitando sobre las superficies. A lo largo del tiempo este proceso ha formado pequeñas viseras, chorreras, petrificaciones de musgos y depósitos calcáreos que podemos observar en diferentes sectores de la cavidad.
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| Font de Can Solà |
La gigantesca visera se aprovechó como techo natural, reduciendo enormemente los materiales necesarios para crear espacios habitables. Básicamente era necesario levantar fachadas y muros divisorios para cerrar diferentes sectores bajo la cavidad. El lugar fue utilizado históricamente como residencia temporal o permanente por pastores, carboneros y jornaleros relacionados con la finca de Can Solà de la Roca y otras explotaciones agrícolas próximas.
La balma tenía un carácter multipropósito: algunas zonas podían utilizarse como cocina u hogar, aprovechando las fisuras naturales de la roca para facilitar la salida del humo, mientras que otras servían como aprisco para ovejas y cabras, almacén de herramientas agrícolas o espacio para guardar leña.
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Regreso circular por los Boscos del Solà
Después de dedicar un buen rato a explorar la Balma de Can Solà, iniciamos el camino de regreso. Existe la posibilidad de regresar por el mismo itinerario utilizado durante la ida. Nosotros, sin embargo, optamos por continuar y completar una ruta circular.Desde este punto únicamente tenemos que rehacer el tramo inicial hasta llegar nuevamente a la explanada posterior del Hotel Bruc, donde finalizamos nuestra excursión.
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| Camps del Canyelles |
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