Ruta circular por el Coll del Bruc, la Balma de Can Soteres y las Coves de Can Llucià

Entre la comarca de l’Anoia y las primeras estribaciones de Montserrat encontramos una ruta circular que combina naturaleza, cuevas, geología y patrimonio rural en pocos kilómetros. El recorrido por el entorno del Coll del Bruc nos llevó a descubrir bosques mediterráneos, grandes balmas y rincones tan singulares como la Font del Ferro, donde el agua ferruginosa tiñe el paisaje de tonos rojizos.

La ruta tiene unos 5,75 km y apenas 81 metros de desnivel positivo, ideal para una excursión sencilla y variada. Durante el recorrido atravesamos la espectacular Balma de Can Soteres y exploramos las Coves de Can Llucià.

Nota. Esta ruta está descrita según nuestra propia experiencia. La dificultad indicada es orientativa y puede variar según el estado físico, la experiencia en montaña y las condiciones personales de cada senderista. Ten en cuenta que el recorrido puede sufrir cambios según la época del año y las condiciones meteorológicas del momento.

Ruta y Video

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Mapa de la ruta
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Vídeo de la ruta


Inicio de la ruta en el Coll del Bruc

La excursión comienza en el Coll del Bruc, donde encontramos una pequeña zona de aparcamiento muy sencilla. No se trata de un aparcamiento turístico grande ni urbanizado, sino más bien de una entrada forestal utilizada habitualmente como punto de inicio para diferentes excursiones de la zona. Aunque muchas personas únicamente relacionan este lugar con el túnel del Bruc de la A-2, los alrededores esconden numerosos senderos muy tranquilos y poco frecuentados.

Desde el aparcamiento tomamos el Camí de Can Soteres, uno de los senderos principales que permiten explorar toda esta zona situada entre Castellolí y Montserrat.

Zona de aparcamiento en el Coll del Bruc


El Camí de Can Soteres y les Obagues

Los primeros metros avanzan por una pista forestal ancha y cómoda que pasa literalmente por encima del túnel del Bruc. Aunque al inicio todavía se percibe cierta proximidad con la carretera, la sensación urbana desaparece rápidamente y el paisaje se transforma en un entorno completamente natural.

A medida que avanzamos, el camino entra en la zona conocida como Les Obagues de Can Soteres, una de las partes más frescas y sombrías de toda la ruta. El término “obaga” hace referencia precisamente a las vertientes umbrías de una montaña. En este tramo alternamos pequeños senderos con sectores de cortafuegos mientras el relieve empieza a mostrar las primeras formaciones rocosas características de la zona.


La espectacular Balma de Can Soteres

Uno de los grandes momentos de la excursión llega con la visita a la Balma de Can Soteres, también conocida como Balma de Can Solà. Se trata de un enorme abrigo natural de dimensiones impresionantes que sorprende tanto por su tamaño como por la forma en que aparece oculto bajo el sendero.

Para acceder a la Balma de Can Soteres hay que estar atentos a un pequeño desvío a la derecha que desciende suavemente desde el Camí de Can Soteres hasta la base de la cavidad. La entrada resulta realmente sorprendente, ya que la enorme galería aparece de golpe excavada bajo una inmensa visera de conglomerado, mientras la pista principal continúa justo por encima de su techo.

La balma presenta 32 metros de longitud y alcanza cerca de 4 metros de altura, creando una espectacular sensación de amplitud. Una de sus grandes particularidades es que puede recorrerse completamente de extremo a extremo caminando bajo su enorme bóveda natural para salir nuevamente al sendero por el lado opuesto.

En el interior se pueden observar pequeñas filtraciones de agua que generan diminutas estalactitas y curiosas manchas de diferentes tonalidades. En invierno, durante los episodios de frío intenso, el goteo puede llegar a congelarse formando espectaculares columnas de hielo o “caramells” que transforman completamente la cavidad.


El Torrent de Can Soteres

Tras salir de la balma continuamos avanzando por el bosque hasta llegar al Torrent de Can Soteres, auténtico arquitecto silencioso de todo este paisaje.

Aunque se trata de un curso de agua estacional que la mayor parte del año permanece seco, ha sido precisamente la fuerza erosiva de este torrente la responsable de esculpir gran parte del relieve de la zona. Nosotros encontramos el torrente completamente seco. 

Tras cruzarlo llegamos a un cruce de caminos donde tomamos el sendero de la derecha en dirección a uno de los lugares más fascinantes de la excursión: las Coves de Can Llucià.


Explorando las Coves de Can Llucià

Las Coves de Can Llucià, también conocidas como Coves de Castellolí, representan uno de los puntos más misteriosos y divertidos de toda la ruta. A diferencia de las balmas, aquí encontramos auténticas cuevas con desarrollo interior y un sistema de galerías subterráneas explorables.

El interior resulta muy entretenido de explorar. Algunas salas permiten caminar cómodamente de pie, mientras que otras zonas presentan pasos más estrechos donde es necesario agacharse o incluso gatear ligeramente, aunque siempre de forma opcional dependiendo de hasta dónde queramos avanzar.

Las cuevas no solo tienen interés geológico. Diversas excavaciones arqueológicas han demostrado que fueron utilizadas desde el Neolítico como refugio o lugar de habitación. En ellas se han encontrado restos de cerámica y herramientas de piedra que añaden un importante valor histórico a la visita.


Nuestro encuentro con un murciélago

Explorar las Coves de Can Llucià también supone entrar en un ecosistema extremadamente delicado. A medida que nos alejábamos de la entrada, el ambiente cambiaba completamente. Fue entonces cuando, iluminando cuidadosamente uno de los recovecos del techo con los frontales, tuvimos la suerte de descubrir un pequeño murciélago descansando plácidamente en un orificio de la roca.  

Probablemente se trataba de un murciélago de herradura pequeño (Rhinolophus hipposideros), una de las especies más habituales en las cuevas del entorno de Montserrat.

Murciélago herradura

Murciélago de herradura




La Font del Ferro y el gran bosque de pinassa

Tras visitar las cuevas retrocedimos unos metros para enlazar con el camino que conduce hasta la Font del Ferro

Muy cerca de la Font del Ferro el paisaje vuelve a cambiar por completo y entramos en una de las zonas de bosque más especiales de toda la ruta. Aquí aparece un pequeño bosque de pino laricio o pino salgareño, conocido en catalán como pinassa (Pinus nigra subsp. salzmannii), un tipo de pino de montaña muy valioso y cada vez menos frecuente en muchas zonas de Cataluña.  Muchos alcanzan unos 11 metros de altura y presentan troncos gruesos cubiertos por cortezas grisáceas que se fragmentan en grandes placas plateadas.

Para llegar a la Font del Ferro hay que abandonar unos metros la pista principal y seguir el llamado Camí de Castellolí, que conduce hasta uno de los rincones más curiosos de la ruta.

El lugar destaca por el intenso color rojizo y anaranjado que cubre piedras y suelo. No es una fuente convencional, sino una antigua mina de agua ferruginosa. El hierro presente en el agua se oxida al contacto con el aire y tiñe todo el entorno de colores muy llamativos.

El agua brota desde una pequeña galería excavada de unos 18 metros de profundidad, protegida por una sencilla fachada de ladrillo con arco de medio punto y columnas rústicas.

Font del Ferro


Regreso al Coll del Bruc por Can Soteres

Tras dejar atrás la Font del Ferro iniciamos el regreso siguiendo la pista principal hasta entrar en la Obaga del Pollastre. Poco después el camino vuelve a enlazar con el Camí de Can Soteres. Antes de finalizar la ruta pasamos junto a los campos que rodean Can Soteres, una de las masías históricas más emblemáticas del entorno de El Bruc. Su silueta, rodeada de cultivos y con las agujas de Montserrat elevándose justo detrás, crea una de las estampas más bonitas de toda la excursión.

Desde aquí únicamente queda seguir nuevamente la pista principal, volver a pasar sobre el túnel del Bruc y regresar al aparcamiento del Coll del Bruc cerrando así esta magnífica ruta circular entre cuevas, balmas y bosques mediterráneos a los pies de Montserrat.

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